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17/8/13





AULLIDOS EN LA ESTEPA

Se despertó en el sofá rojo semidesnudo, sediento y apenado. Demasiada ginebra la noche anterior, pensó, y decidido fue al baño. La meada, larga y clara, le informaba de lo que ya sabía, se lo había pasado bien. Una sensación de euforia comenzó a apoderase de él, debía seguir borracho. Se sirvió una copa para celebrarlo y, tras poner música, se sentó en el sillón.

Los acordes, el vaso helado y el calor del cigarro consiguieron instalarlo en ese estado de calma aparente que tanto le gustaba y que últimamente no conseguía alcanzar. “Tiempos difíciles” musitó. Luego dudó unos segundos, lo pensó seriamente y la contención de una sonrisa dejó paso a una sonora carcajada. Menudas ocurrencias tenía. Duro era picar piedra, lo suyo sólo un corazón roto.

1/5/10



Era la vigesimoctava vez que sonaba el teléfono pero por fin estaban bien encaminadas. Lo suyo había costado pero pronto compartiríamos tiempo y espacio, un tiempo sofocante y un espacio mediocre caracterizado por la impasibilidad del sol abrasador de un Mayo que comenzaba en un punto cualquiera de la charca del Mar Menor. Lujos los teníamos todos así que poco importaban las pequeñas imperfecciones del entorno o la escased de determinados elementos que se volvía relativa con el transcurso de la marea y la combustión de los minutos.

Y entonces aparecieron o, mejor dicho, apareció ella haciendo desaparecer al resto. Vestía para la ocasión todos los arquetipos de la mujer perfecta, unos pantaloncitos cortos que hacían del final de sus nalgas objeto de culto y una camiseta a rayas que dejaba entrever, con el permiso de sus largos cabellos color azabache, una clavícula sensual y delicada a partes iguales. Su cara, presidida por unos ojos ligeramente rasgados y gobernada por una boca mediana y sugerente, era el vivo reflejo de exotismo, pero no un exotismo lascivo, sino uno sutil e interesante que con su efecto narcótico hacía de ella una mujer atrayentemente atemporal.


PD: Siendo el continente de bohemia a través de su mirada ínfimamente asimétrica se podía intuir un contenido a la altura de las circunstancias. Y el contacto con su piel… ai! El contacto con su piel dejaba tras de sí tamaña impronta que, aun con el paso de los años, permanecerá inmutable en mi memoria.

30/4/10



Después de estar caminando un buen rato entre pasillos imaginarios llegamos a un claro en el que se dejaba de sentir el hedor desprendido por la marabunta de cuerpos que se movían sin cesar en lo que parecía un rito de adoración primitivo a alguna deidad pagana.

Fue en ese preciso instante, mientras divagaba sobre la higiene de los allí reunidos, cuando a pocos metros la pude contemplar por vez primera. Rodeada estaba por caras conocidas, algunas más que otras, así que comenzaron los saludos amigables mientras yo, aferrándome al protocolo, observaba con atención e ingenuo interés paladeando el concepto de mujer hermosa.


PD: Luego, sin saber muy bien cómo, amaneció otro día.