3/12/07



¿BAILAMOS?

Quería vestir de etiqueta a mis palabras, con traje largo y zapatos a juego. Mi intención también era ponerles colorete y acicalarlas bien. Luego les echaría un caro perfume de alguna marca italiana y al compás de una bonita melodía harían su aparición en esta humilde palestra. Avisadas estaban que debían ser sensatas y claras para no dar lugar a dudas, la situación lo requería y no sería yo quien esta vez escatimase en gastos y menos en intenciones. Confiaba en ellas y ellas me apoyaban; les había contado todo con pelos y señales y me comprendían, sabían que era importante para mí y accedieron. En este punto les hablé del miedo escénico (ese que siento en ocasiones y que me altera el pulso y entrecorta la respiración) y una vez hube acabado, cuando ya partían, las detuve en la antesala de la meditación aludiendo cambio de planes repentino; debían quedarse conmigo, al menos de momento. Ahora tocaba esperar a ver que pasaba, sin presiones, más que nada por si las moscas... vale, lo reconozco, temía una negativa. Ellas, tan comprensibles, no se resistieron.


PD: Nunca he llegado a olvidar las cartas que te escribí.

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